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Una ecuación complicada: Sistema de salud – Cantidad de infectados = Economía

Muchos trataron y siguen tratando de instalar frente a la aparición del Covid – 19 la dicotomía, Salud o Economía. Y la realidad a mi entender es que están totalmente vinculadas una con la otra, al punto de que si una esta bien, la otra también lo va a estar. El objetivo de este análisis acerca de la situación que venimos atravesando, es tratar de entender y ser conscientes de la complejidad de la misma.

Supongamos que buscamos una ecuación simple que modele qué es lo que sucede por estos días. Las variables más importantes que a su vez engloban a múltiples variables son: la cantidad de infectados (coronavirus), economía y el sistema de salud (capacidad).

Ahora, dejemos por un segundo de lado la economía e imaginemos que absolutamente nadie se mueve porque tiene la comida suficiente en su casa y no necesita salir para nada, bajo esta premisa el virus prácticamente desaparecería, debido a que los infectados no podrían transmitir a nadie el virus y como sabemos un virus sin huésped muere. En la misma línea supongamos que esto sucede realmente en Argentina, y todos, absolutamente todos se quedan en sus casas y el virus desaparece. Bien recordemos algo, antes el virus no existía en Argentina y mediante el ingreso de personas infectadas desde otros países fue que comenzó todo. Entonces podríamos observar que para que el virus desaparezca y no comience todo de nuevo, lo que habría que hacer además, es imposibilitar la entrada y salida de toda persona al país hasta que en el mundo deje de existir el virus, estos supuestos son absolutamente imposibles dado que ni todos tienen comida suficiente en sus casas para estar encerrados durante el tiempo necesario hasta que el virus desaparezca (ni hablar de sumar las consecuencias psicológicas del encierro), ni el país podría permanecer cerrado eternamente o hasta que el virus desaparezca del mundo (algo que con suerte podría suceder dentro de muchos años o no suceder directamente).

Ahora, vayamos al otro extremo y supongamos que dejamos que cada uno haga su vida normal porque nos interesa que la economía no se frene. Como ya pudimos observar en casi todos los países debido a que en un principio actuaron tarde (ya sea por desconocimiento), o de manera premeditada decidieron que prevalezca la economía, el número de infectados se disparó automáticamente de manera exponencial y esto hizo que colapse el sistema de salud. En consecuencia comenzaron a morir miles de personas que no pudieron ser atendidas y básicamente se volvió un desastre todo. Vale aclarar que entre las personas que no pueden ser atendidas están aquellas que pueden estar complicadas por el coronavirus como aquellas que no (aquellas que sufrieron otra complicación de salud pero debido a la saturación no pudieron ser atendidas). Como hemos visto que sucedió en el mundo para frenar este caos social en casi todos los países se terminaron aplicando al fin y al cabo fuertes medidas de aislamiento obligatorias y restrictivas dado que es la única manera encontrada hasta ahora para frenar la pandemia. Las cuales en este supuesto no fueron aplicadas en un principio o fueron menospreciadas. La gran diferencia es que para ese entonces han muerto miles de personas en todos esos lugares por el desborde sanitario.

Entonces, uno podrá decir ¿no hay salida?, y la respuesta es sí, hay salida. La salida es aprender a convivir con el virus hasta que exista un método efectivo alternativo al aislamiento que pueda permitir que la enfermedad no llegue al estadío en que complique la vida de las personas con la alta tasa que lo hace hoy en día. ¿Cómo se logra eso? Lo ideal es con una vacuna, pero podría ser con algún fármaco que frene o ayude a disminuir los efectos del virus (como por ejemplo, como actúa un antifebril frente a una fiebre). Que se consiga ese “remedio” o vacuna no depende exclusivamente de la voluntad que tengamos y no sabemos cuando podría pasar. Por eso es interesante que entendamos qué significa ese aprender a convivir con el virus y quizás la siguiente ecuación puede servir para ejemplificarlo.

sistema de salud – cantidad de infectados = economía

Ustedes dirán ¿y cómo sería esto?. Si suponemos que el sistema de salud es mayor (es decir soporta y le sobra algo de capacidad) a las exigencias requeridas por el coronavirus, la economía va a obtener un saldo relativamente positivo. Es muy importante aclarar que este supuesto de una economía positiva no significa que vayamos a estar mejor que antes, sino que es un escenario mejor frente a otros posibles escenarios (muchos peores) durante este tiempo que dure que la pandemia.

Poniéndolo en valores ej: 10-5=5

Ahora, si el número de infectados es mucho mayor a la capacidad de respuesta del sistema de salud, este se ve rebalsado y la ecuación da un saldo negativo para la economía.

Ej: 10-15=-5

Bien, ustedes podrían decir y ¿por qué este modelo funcionaría o podría ejemplificar un poco la situación?. Y la respuesta es, al no tener una solución efectiva frente al virus más que el aislamiento, la única manera que tenemos de evitar un desastre social aún mayor cuando el sistema de salud está colapsado (ej: 10 – 15= -5) es aplicar un aislamiento lo más restrictivo posible. Como ya lo hemos visto esta manera de enfrentar al virus disminuye drásticamente la producción y la demanda provocando que la economía se resienta de manera dramática. Ahora, si evitamos que eso suceda y el número de infectados que necesiten atención es menor a la capacidad de respuesta del sistema de salud, podremos convivir con un aislamiento flexible permitiendo que la economía sufra menos.

Para que entendamos aún más, los días de aislamiento estricto fueron para ganar tiempo, para preparar y fortalecer al sistema de salud lo máximo posible y evitar que se disparen los contagios. Como todos ya sabemos, el país estaba atravesando una crisis económica la cual si bien parecía que empezaba a mejorar en ciertos aspectos, seguían existiendo grandes problemas, como la dificultad de pagar la deuda contraída previamente y los altos índices de pobreza. La vulnerabilidad económica y social del país naturalmente hizo que en Argentina se sienta más que en otros países el impacto del aislamiento y la profundización de la crisis a nivel mundial que genera el covid-19.

Como la ciudadanía fue responsable y las medidas fueron tomadas a tiempo, esto nos permitió que entrames en una etapa de contagio controlado o aislamiento un poco más flexibilizado por sectores, ¿qué quiere decir esto?. Que dado que no podemos vivir eternamente aislados, el sistema de salud ya fue reforzado y el sistema económico productivo necesita salir de la parálisis, comenzamos a flexibilizar progresivamente a los distintos sectores, pero controlando mediante protocolos las variables para que el sistema de salud no colapse, permitiendo así que se puedan salvar más vidas mientras la economía no se derrumba (que si sucediese, también traería más caos social y las consecuencias que todos conocemos).

En simples palabras, necesitamos activar la economía con la menor circulación posible y con la mayor cantidad de medidas posibles que eviten el contagio. Esto representa que aquellos que puedan aislarse el mayor tiempo posible lo hagan con la total conciencia de que hay algunos que no lo van a poder hacer, y que si se frena todo el sistema económico productivo de alguna manera también entramos en caos social. Si no se cumplen los protocolos y aquellos que pueden aislarse no lo hacen vamos a contribuir a un colapso del sistema de salud también trayendo caos social y la única solución(al menos conocida) frente a la saturación sanitaria es la marcha atrás de las medidas de flexibilización, es decir volver al aislamiento restrictivo y la consecuente mayor caída de la economía. A todo esto también sumar la importancia que tienen las medidas de extremo cuidado para las poblaciones de riesgo, y la conciencia que debe tener esta población bajo la misma premisa de salvar vidas y no colapsar el sistema de salud.

La única manera de mantener esa fórmula con un saldo positivo, es tomando constantemente medidas y quien las tome esté lo más informado posible de la realidad de las situaciones que van aconteciendo. No existe receta, ni se puede ser previsible. Es un día a día con nuevas maneras de organización social a la cuales tendremos que acostumbrarnos y acompañar solidariamente generando conciencia social ya que un futuro mejor o peor depende más que nunca del aporte ciudadano.